miércoles, 21 de mayo de 2008

Etcétera

Etcétera es una chica camaleónica. Es la variable hueca que abarca todo lo que el lector ya tiene entendido. Bueno, eso es lo que dicen de ella. La realidad muy pocos la conocen. Es cierto que vive marginada en los suburbios de todas las ciudades de Palabras. Se sabe que es una chica joven y que se le explota a menudo; que se conforma con que la llamen 'etc' y nunca exige que le escriban su mayúscula. Casi siempre se le ve acompañada de dos o tres novatas, que generación tras generación, siendo idealistas por naturaleza, no desisten a la posibilidad de algún día llegar a ser una Palabra de verdad –una de esas palabras por las que fluye sentimiento y vida–, a las que les sobran sinónimos y las usan con deleite. Cuando los escritores duermen en este hemisferio, Etcétera descansa y sueña tener identidad. Sueña que es "aurora," que es "angustia," o "libélula," y "lucidez," e incluso "ímpetu." Sueña que es escogida delicada y conscientemente y que contribuye en el arte de transmitir un sentimiento; pero a la primera llamada despierta y se da cuenta de su realidad.

"Pero," por otro lado, es un prepotente puberto. Día a día la critica por su escasa demanda en el mundo real de las Palabras. Ella será idealista pero no es tonta. Invariablemente le contesta a Pero de la misma manera: "Tú no tienes mucho de que presumir, Pero. No eres más que una muletilla... una conjunción barata que repite y cansa. Te usan para arrepentirse y contradecirse los escritores, o bien, para invitar a cualquier excusa. No eres palabra todavía y también careces de identidad." A lo que Pero siempre contesta: "Al menos yo no ando con letrero de vacante, invitando a ser mil identidades al final de una enumeración informal."

Esa siempre suele ser una verdad irrefutable para Etcétera. No dejaba de ser hueca. Sumisa a la orden y el capricho del escritor. Se había acostumbrado a conformarse y a existir en la periferia de enunciados y listas agotadas sin trascendencia. Acostumbrada a ser la variable que el inconsciente colectivo llena sin esfuerzo; más bien como reflejo. Acostumbrada a aparecer cuando la vitalidad de una oración ya ha culminado y extinguido. A llegar después de una cadencia muda y partir enseguida. Etcétera se desvanece como la que se va de la fiesta temprano y nadie extraña. Nunca aportando gran cosa en la novela o en la poesía que enamora. Se sienta en la banca y espera. Ve la cancha enorme de juego: El lienzo donde los titulares van intercambiando y compartiendo comillas, puntos y aparte, signos de interrogación, también ve a las pedantes conjunciones y las preposiciones con su típico aire respingado. Observa la camaradería y espera. Espera a que se avecinen las enumeraciones. Espera invisible para todos, y sigue soñando que quizá algún día, quizá en la siguiente página dejará el final de las listas, para jugar en la cancha de las verdaderas oraciones: de los poemas, los cuentos, ensayos, novelas, etc, etc, etc...

5 comentarios:

Anónimo dijo...

"Querida amiga etcetéra... no te preocupes... muchos,muchas veces nos identificamos con vos..."

Rockandrollbabe dijo...

Qué lindo y qué original!! Gracias por compartirlo! (Sasha)

Sebastian "Zaiper" Barrasa dijo...

Querido Emilio,

tenemos ganas de publicar este texto en la sección "para escritores" de cruzagramas

Necesitamos que nos mandes una "mini biografía" para agregar al pié del articulo.
Mandala a la dirección del semillero de proyectos de cruzagramas http://contacto.cruzagramas.com.ar

Sale con link a tu blog, así que te vas a llenar de visitas!!!!

Cristina Pérez dijo...

Querido Emilio,
Qué sorpresa encontrar un sobrino que escriba tan bien. Me han encantado los textos que he leído en el blog. Espero seguir leyendo más creaciones tuyas.

Nanu dijo...

No lo había leído hasta ahora aunque el texto ya es famoso. Me encanta esa capcidad de tornar tres letras en una dama, en una princesa o en un principe o un niño lleno de sueños

saludos

Nadina